Se acuerdan cuando íbamos en cuarto básico y el colegio era solamente una cancha para jugar a las escondidas. Sí, daba flojera levantarse a las 7, pero cuando uno veía a sus amigos, ya no te importaba. Automáticamente te despertabas como si hubieses ingerido 37 tazas de café. No te paraba nadie si querías correr. No entendíamos porque estábamos ahí. Sabíamos que todos iban al colegio porque era una obligación, pero no veíamos el malicioso designio que nos perseguía con el auspicio de nuestros padres y el colegio. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta de que estabamos ahí para lograr entrar a una buena Universidad y tener un futuro más brillante y productivo que el de nuestros progenitores. Todos queríamos ser doctores, abogados e ingenieros. Eramos unos niños. Sólo conocíamos el hecho de que nuestra existencia dependía de entrar a una escuela que estuviera acreditada y que nuestro mayor miedo era bajar nuestro promedio a 6.0, porque si no, iríamos a parar a quién sabe dónde. Nos creímos el cuento del futuro y llegamos finalmente a la educación media con cinco personajes menos. Ahora teníamos más responsabilidades. Teníamos que jugarnos el todo por el todo. Vivimos en torno a la calculadora, el libro de clases y las décimas de los trabajos. ¿Qué pasaba afuera? No estoy segura y creo que muchos tampoco. Mientras crecíamos y llegábamos al final de estos 12 años nos comenzamos a dar cuenta de que, más que personas, éramos cifras y nombres en una lista. Simples conejillos de indias utilizados para incrementar el reconocimiento del colegio. Conocimos gente nueva, que no pertenecían a la burbuja y nos dimos cuenta de que en el mundo hay diversos tipos de realidades y que aparentemente, fuimos de los favorecidos. Sabiendo esto, cualquier tipo de comentario con respecto al pequeño grupo de posibilades que teníamos para elegir post burbuja, me repugnaba. Era todo una mentira, ellos no se preocupaban por ti, sino que por su propio beneficio empresarial y como una secuela de esto, venía tu propio beneficio. Abrí los ojos. Ví el mundo de afuera o por lo menos eso intento y lo que vi no me gustó. Hay demasiada basura afura de la burbuja de la que nadie se hace cargo. Ya no quiero estar aquí. Hay demasiadas cosas por hacer y yo sin saber por dónde empezar. Me da terror pensar que tal vez abrí los ojos tarde. Tampoco espero arreglar el mundo en 4 meses. Toma tiempo y si nadie comparte tu pensamiento, toma mucho más. En cuatro meses más quedaré libre de la Burbuja Mecánica y de todo lo que se propuso en enseñar a estos niños con cerebros de esponja, no lo logró, porque sólo me enseñó una sola cosa: lo que no me quiero convertir.
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1 Sin Comentarios:
La Burbuja nos ahogaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Hay que salir de ahí
de lo contrario moriremos afixiados
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